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En la oncología y la hematología modernas, la vigilancia clínica previa al tratamiento se ha vuelto tan estratégica como la propia terapia. En un contexto en el que se emplean inmunoterapias, terapias dirigidas y esquemas quimioterápicos cada vez más potentes, descuidar infecciones virales latentes o preexistentes puede transformar un abordaje con intención curativa en una tragedia evitable.
Entre estas infecciones, la hepatitis B ocupa un lugar destacado por su capacidad de permanecer silenciosa durante años y reactivarse precisamente cuando el paciente se encuentra más vulnerable. Es como “dormir con el enemigo”: el virus permanece en reposo en el organismo, pero basta una caída en la protección inmunológica para que reanude su replicación con una virulencia desproporcionada.
Las manifestaciones clínicas pueden variar desde una elevación asintomática de las transaminasas hasta una hepatitis fulminante con riesgo de muerte. Por eso, el cribado serológico antes de iniciar cualquier tratamiento inmunosupresor no es solo una recomendación: es un imperativo clínico.
En el MOC-Consejo de este mes, la Dra. Danielle Leão, hematóloga de la BP – La Beneficencia Portuguesa de São Paulo, aborda este tema frente a la complejidad y la agresividad de las neoplasias hematológicas y sólidas. Al fin y al cabo, en oncología, la prevención de complicaciones evitables forma parte del tratamiento.
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