La alopecia inducida por tratamientos contra el cáncer es una de las complicaciones más comunes y visibles del cáncer y afecta a alrededor del 65% de los pacientes sometidos a quimioterapia y al 40% de los que reciben radioterapia.1 La caída del cabello tiene un impacto significativo en la calidad de vida de los pacientes, lo que puede causar ansiedad, depresión, baja autoestima, aislamiento social y estigma.2
El riesgo de alopecia depende del tipo, la dosis y la duración de la medicación oncológica, así como de la susceptibilidad individual del paciente. Las pacientes con cáncer de mama están particularmente expuestas al riesgo de alopecia, ya que muchos de los regímenes terapéuticos utilizados para esta enfermedad incluyen agentes inductores de alopecia, como antraciclinas, taxanos y ciclofosfamida.1 Además, la terapia hormonal y los inhibidores de ciclinas pueden causar alopecia a través de diferentes mecanismos. La terapia hormonal, especialmente los inhibidores de la aromatasa, puede interferir con el ciclo de crecimiento del cabello, provocando una disminución de la densidad y el diámetro del cabello. Mientras que los inhibidores de ciclinas pueden causar alopecia al inhibir la proliferación de queratinocitos en el folículo piloso.3
En este MOC-Consejos, la Dra. Debora de Melo Gagliato, oncóloga clínica de BP – La Beneficência Portuguesa de São Paulo, revisa este tema e indica medidas simples a implementar en el consultorio que pueden contribuir a aliviar este evento adverso no deseado durante el tratamiento oncológico.
Referencias: