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La presencia de una mutación genética accionable en pacientes con cáncer de pulmón avanzado puede ser muchas veces un factor decisivo para no indicar, o incluso contraindicar, el uso de inmunoterapia en muchos escenarios clínicos, debido a la evidencia disponible en la literatura médica que demuestra la falta de eficacia y el riesgo de un aumento de toxicidades.
En los tumores con genes driver, esta decisión es particularmente sensible al contexto biológico (clase de mutación, carga tabáquica, expresión de PD-L1 y TMB) y al secuenciamiento terapéutico, ya que el beneficio de inhibir la vía alterada con una terapia dirigida suele ser mayor que el de iniciar el tratamiento con inmunoterapia, además de las preocupaciones sobre la toxicidad al introducir una terapia dirigida después de la inmunoterapia.
En el MOC-Dicas de este mes, el Dr. Marcelo Corassa, oncólogo clínico de la BP – La Beneficencia Portuguesa de São Paulo, aborda este tema desde una perspectiva distinta, analizando los datos de un estudio recientemente presentado en la ASCO Annual Meeting 2025 sobre el impacto del uso de inmunoterapia o terapia dirigida en pacientes con cáncer de pulmón portadores de mutación de BRAF.
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